This page has been validated.
—75—
V
Y ¿qué fué de los grandes imperios
Que tu amor de sus lúbricos lares
Desterrado, en sus tristes azares
Invocaron sólo á Belial?
Perecieron Las iras del cielo,
Cual sañosa Aquilon, rebramando,
Dispersaron el polvo nefando,
Resto vil de su ser criminal.
Del empireo etc.
VI.
No así Manila, la bella, la amante
Del ROSARIO y sus místicas flores,
Que en sus. tristes y acerbos dolores
Sólo sabe tu gracia implorar.
Si la tierra en sus hondos cimientos
Se estremece, si el fuego devora
Sus hogares, ó el rayo rtesora
En su cielo la muerte fatal.
Del empireo etc.
VII
Si el cañon holandés a sus muroc
Arenaza, y la playa arenosa
De Cavite retiembla medrosa
Al estruendo del bronce tetal.
Sólo á tí su esperanza y su triunfo
Debio Manila y su dulce consuelo,
Y el ROSARIO, el secreto del cielo,
La salvó de su ruina final.
Del empireo etc.
Y ¿qué fué de los grandes imperios
Que tu amor de sus lúbricos lares
Desterrado, en sus tristes azares
Invocaron sólo á Belial?
Perecieron Las iras del cielo,
Cual sañosa Aquilon, rebramando,
Dispersaron el polvo nefando,
Resto vil de su ser criminal.
Del empireo etc.
VI.
No así Manila, la bella, la amante
Del ROSARIO y sus místicas flores,
Que en sus. tristes y acerbos dolores
Sólo sabe tu gracia implorar.
Si la tierra en sus hondos cimientos
Se estremece, si el fuego devora
Sus hogares, ó el rayo rtesora
En su cielo la muerte fatal.
Del empireo etc.
VII
Si el cañon holandés a sus muroc
Arenaza, y la playa arenosa
De Cavite retiembla medrosa
Al estruendo del bronce tetal.
Sólo á tí su esperanza y su triunfo
Debio Manila y su dulce consuelo,
Y el ROSARIO, el secreto del cielo,
La salvó de su ruina final.
Del empireo etc.